Si ves una llamada mía,
no respondas.
No soy yo la que habla,
son las hormonas,
o la primavera,
o el vacío en el pecho.
Ese último dice
que te echa de menos,
que se hacía chiquito con tus abrazos
y ser tan grande le agobia.
Sabe eso de que cuanto más alta la torre,
más dura la caída.
Y se emparanoya.
Yo ya no.
No te creas.
Más bien poco.
Más que poco,
una mierda.
jueves, 28 de mayo de 2015
lunes, 25 de mayo de 2015
El haal y la existencia
"En bastantes culturas musulmanas, cuando quieres preguntar a alguien cómo le va, preguntas: en árabe, Kayf haal-ik? o, en persa, Haal-e shomaa chetoreh? ¿Cómo está tu haal?
¿Qué es eso del haal? Es el estado transitorio del corazón de una persona. En realidad, preguntamos '¿Qué tal le va a tu corazón en este mismo momento, en este suspiro?' Cuando pregunto '¿Cómo estás?' es lo que realmente quiero saber.
No quiero saber cuántas cosas tienes pendientes de hacer, ni cuántos mensajes tengas en tu bandeja de entrada. Quiero saber cómo está tu corazón en este mismo momento. Cuéntamelo. Cuéntame que tu corazón está gozoso, cuéntame que tu corazón está doliendo, cuéntame que tu corazón está triste, cuéntame que tu corazón ansía contacto humano. Examina tu propio corazón, explora tu alma, y después cuéntame algo sobre tu corazón y tu alma.
Cuéntame que recuerdas que aún eres un ser humano, no un 'actuar' humano. Cuéntame que eres más que una simple máquina, tachando cosas de una lista pendiente. Ten esa conversación, esa iluminación, ese acercamiento. Deja que sea una conversación sanadora, llena de gracia y presencia.
Pon tu mano en mi brazo, mírame a los ojos y conecta conmigo por un segundo. Cuéntame algo sobre tu corazón, y despierta el mío. Ayúdame a recordar que yo también soy un ser humano completo y lleno, un ser humano que también ansía contacto humano."
- Omid Safi, The Disease of Being Busy
Bukowski, putoamo.
"¿Cómo demonios puede un hombre disfrutar ser despertado a las 6:30 a.m. por un despertador, salir de la cama, vestirse, alimentarse sin ganas, cagar, mear, cepillarse los dientes y el pelo, y luchar contra el tráfico para llegar a un sitio donde básicamente has ganado grandes cantidades de dinero para otro y has sido instado a estar agradecido por tener la oportunidad de hacerlo?"
Es simple, el sistema capitalista vive enteramente de la alienación de las hormigas obreras que le regalan (ya ni venden) su fuerza de trabajo; esto es, lo más preciado que tienen, parte de sí mismos, sus conocimientos, su esfuerzo, su pasado y su futuro. Eso es lo que ceden a cuatro gatos solitarios que han amasado grandes fortunas a costa de personas, y aun así pueden dormir con la conciencia tranquila, acallada por la sensación de poder y prestigio que otorga un constructo social tan vano y deleznable como el dinero.
Y se nos dice, desde pequeñitos, que "así son las cosas". No. El sistema es tal porque queremos que lo siga siendo. Todo aquello que haya sido obra del ser humano es perceptible de ser cambiado. No podemos luchar contra las catástrofes naturales, pero sí contra la anulación sistematizada de la persona, enmarcado dentro de un sistema, el capitalista, que lo justifica y legaliza.
Es difícil, no hay duda alguna sobre ello, pero no es imposible. Decir que todo aquello que puede soñarse puede cumplirse es caer en clichés cursis que esas mismas personas que destruyen nuestra humanidad han sabido inculcarnos, sin decir también que les han puesto límites hasta a los sueños. Límites y precio.
La clave está en obedecerse a uno mismo, tratar de cultivar un acerbo cultural y un espíritu crítico que nos proteja de las garras de la injusticia capitalista. Y es que, el consumo, nacido en el intercambio de bienes debido a la necesaria movilización de recursos: si yo tengo cuatro peras, y tú cuatro manzanas, y ambos queremos probar lo que tiene el otro, no es malo per se intercambiarlo, pero ello tiene que hacerse en una dinámica de igualdad y respeto que brilla por su ausencia actualmente. No tenemos por qué vivir en precariedad, como ellos nos han dicho siempre, en caso de oponernos frontalmente al capitalismo.
Y es que no es cuestión de ser todos pobres, sino de ser todos todo lo ricos que los limitados recursos mundiales permitan. Que no es poco.
MLK
“No one really knows why they are alive until they know what they’d die for."
Martin Luther King
Martin Luther King
¡QUE VIENEN LOS ROJOS!
¡Extra, extra! Tertsch nos había avisado, pero,
cegados por el populismo chavista bolivariano bolchevique castrista, elegimos ignorar a esa mente prodigiosa. Anunció el
peligro del inminente progreso venezolano, libertades cubanas y papel higiénico
coreano. ¡Ay, pobres de nosotros! El nivel de inmigración de los países comunistas
ha aumentado un 371%. Se baila zumba cubana a ritmo del himno de la
Internacional (si bien estos rojos saben bien cómo mover los cuartos traseros).
La extremísima izquierda se ha hecho con las ciudades más
importantes del país. A Madrid ha vuelto ETA (pero, esta vez, en su vertiente “Espe
‘Tas Acabada”), y se planea un asalto al Congreso entre perroflautas y
bolcheviques, con canciones reivindicativas en contra del gobierno y cócteles molotov. En
Barcelona los catalanes han renegado totalmente del “segundo puto gallego que
nos jode de esta manera” y han empezado a hacer altares con la fotografía de
Lenin.
Nada más lejos de la realidad, aunque ya le molaría al Inda.
Increíblemente, la politización de un movimiento de indignación como ha sido Podemos,
ergo, la intrusión en el arcaico juego político español de un elemento nuevo,
ha tenido efecto, en contra de las catastróficas previsiones que muchos, me
incluyo, teníamos. La bruja Aguirre se ha caído de la escoba intentando hacer
un loop por encima de sus posibilidades (pero no se ha escoñao, mala suerte la
nuestra, pacto con el diablo la suya). Ada Colau es la semilla de vida que se
quiere sembrar en la Ciutat Morta de Xavier Trias, y, bueno, no hablemos del movimiento
Pro-Manuela y el arrebato de la capital al PP después de décadas. Rita Barberá
ahora está, como bien dice Raquel Martos, al fresquet, y con una cara digna del
magnífico Jabba The Hutt.
La derecha está asustada, a-co-jo-na-da. Que yo lo entiendo.
Si estás sentado en un sofá comodísimo (los sobres llenos de fajos de billetes
dan calor y son muy mulliditos) y vienen cuatro comunistas a expropiártelo,
pues jode. Jode que la gente empiece a luchar por sus derechos, sus libertades
y, en definitiva, empiece a tomar control de su vida. Jode que se hayan abierto
muchos ojos (si bien sigue siendo un país de ciegos), y que su mirada sea de
decepción y odio. Pero bueno, quien se pica, ajos come, aunque no sé cómo compaginarán
muchos esa dieta con su tradicional chupar sangre inocente.
A todo esto, yo tengo fe en que Mariano se traiga algo gordo
entre manos. Así, en su papel de tontico del partido, un poco a lo Pedro
Sánchez, cagándola en modo repetición, ha favorecido más al fin del
bipartidismo que gran parte de movimientos de izquierdas. Se mueve dentro del
PP, frustrando intentos de seguir a flote, comunicándose con los ciudadanos a
través de pantallas, asegurando que el paro son como los unicornios. Y ahora
calla, probablemente frotándose las manitas y murmurando “Shí, shí, el plan va
como había previshto”.
Ahora, rojitos míos, no nos durmamos en los laureles, que los votos a los partidos tradicionales han bajado, sí, pero no tanto como se podría esperar con semejante marrón encima. Pero bueno, hay días tontos, y tontos todos los días, y, desgraciadamente, la participación electoral entre los sectores más enriquecidos de la sociedad es muy alta, debido a que ellos sí saben cuáles son sus intereses y actúan para favorecerlos. Hagamos lo mismo, pero sin confundirnos de clase. No somos los de arriba, somos los de abajo, los que han de luchar para que mueran estas divisiones de una vez por todas.
Y, por cierto, Marhuenda, me suena haberte oído decir a
Colau algo como que te ibas de España si ganaba las elecciones. No dudes en que
habrá crowdfunding para financiarte un billete de avión directo a Corea del
Norte. Besis.
sábado, 23 de mayo de 2015
XIX
- ¿Quién te hizo esto? ¿Por culpa de quién el dolor rebosa de cada uno de tus poros?
-¿Quieres saberlo? Todos los amores no correspondidos. Y los amaneceres nublados. Y los atardeceres tempranos. Las camas frías, y el café descafeinado. Las guerras y las mentiras de los periódicos. La muerte y su risa en mis pesadillas, aliada con el paso del tiempo. Las calles llenas de gente y la nieve sucia. Los pájaros callados. El calor bochornoso. La leche cortada y el medio limón olvidado en todas las neveras. El sonido de un reloj en medio de la noche. Y los mosquitos. La intransigencia y el egoísmo. Todas las mentiras y todos los mentirosos. Las oportunidades perdidas y las anclas del pasado, enganchadas a las heridas que impiden cerrar mientras ríen con sorna. Las noches de insomnio. Y los atascos. Los abriles sin lluvia. Los regalos decepcionantes. Las mañanas frías. Los jerseys que pican. El agujero dentro del pecho, tirando hacia la izquierda. Los labios negros y las mentes a oscuras. Las huidas en mañanas de resaca. Las espaldas que te plantan cara. Los dibujos rotos. Los corazones remendados. Las avenidas sucias. Los charcos en los que no se puede saltar. La gente que se esconde de las lágrimas del cielo. Las nubes sin forma. Los aullidos sin destinatario. La incomprensión. Las sábanas que huelen a colonia. Los gatos que no son negros. Las canciones tristes, y las que se alían con recuerdos. Las imágenes que quiero olvidar, y están muy cómodas en mi cabeza. La vida que he elegido, y la que no pude decidir. El futuro incierto, y las seguridades.
- ¿Nada de corazones rotos?
- Nada de corazones rotos.
Chucuchú
No me eches la culpa a mí. Yo nunca termino nada de lo que
empiezo. Se me caen las ganas a los pies, que las enfrían y hacen inservibles.
Yo miro al espejo de reojo y a los atardeceres con la atención que se merecen las cosas bonitas. Yo me pierdo en
las miradas de la gente y no la oigo cuando habla, porque tratan de engañar a sus verdades con palabras. Yo busco unas manos más
bonitas que unos pómulos marcados, para que me sujeten por la noche si me caigo
en sueños, o quiero echar a correr sonámbula, vaya a ser que me tire por la
ventana y no consiga volar. Yo no soy ni de chocolate ni de vainilla, sino de
galleta maría, y no me gusta el helado si no es en cucurucho y compartido. Yo estoy tan arriba como puedo estar abajo, subida a una montaña
rusa con un cinturón un poco flojo, que no para ni de día ni de noche, encendida sin control. Pero no te pedí que te subieses conmigo. Porque
es difícil soportarme, te lo digo yo que me conozco de un par de días. Porque soy un osito de peluche con las garras de uno polar. Y me las clavo por la noche si no puedo dormir. Así que si
quieres perderte conmigo, hazlo, pero cuando acabemos lanzándonos dardos
envenenados, no podrás decir que no te lo advertí.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

