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domingo, 3 de mayo de 2015

Skin

Las palabras y las fotografías son igual de inútiles, en tanto que son vanos intentos de aprehender algo tan intangible como los sentimientos y los momentos.


sábado, 2 de mayo de 2015

La impopular opinión y el Monedero vacío

La reciente dimisión del que fuese secretario de Proceso Constituyente y Programa de Podemos, Juan Carlos Monedero, nos tomó a todos por sorpresa. No fueron pocas las voces, entre ellas la mía, que en su día exigieron que dejase el neófito partido por la mala imagen de que estaba contagiando al mismo y el nocivo efecto que ello iba a tener en las generales. Y es que a todos llegaron a intoxicarnos con la desconfianza infundada hacia un hombre cuyos atribuidos delitos de evasión fiscal no son mínimamente comparables al saqueo mantenido de los fondos públicos para tener maravillosas sedes de partido contra las que poder estrellar coches.

Ahora, sin embargo, me debato entre la incredulidad y un profundo respeto por un hombre que he tenido la suerte de conocer, más allá de los mítines, en las aulas (donde, por cierto, no hacía lavados de cerebro de corte chavista). 

La incredulidad hunde sus raíces en lo extraordinario de una dimisión en este país de politiqueo insulso, demagogo y putrefacto. Oír hablar de una dimisión en España es tener constancia de que queda al menos una persona, si no honrada, consecuente con sus principios. Y es que se conocen dimisiones de altos cargos políticos de diversos gobiernos europeos por copiar una tesis universitaria o no pagar una multa de tráfico, mientras nosotros seguimos dándole cuerda a los monigotes esperpénticos que, aun imputados por casos de malversación de fondos, fraude fiscal, corrupción y un largo etcétera, siguen teniendo vía libre para hacer de nuestro país el último mono -y, encima, de feria-.

Y de ahí nace ese profundo respeto del que hablaba. Admiración incluso. Poquísimas son las personas fieles a unos valores, y no cabe más que lamentar la partida de una de ellas de esta arena de leones obsoletos y con zarpas envenenadas en que se han convertido las próximas elecciones generales. Más respeto merece debido al inmerecido expolio mediático que se ha dirigido hacia su partido, a él como chivo expiatorio y diana a la que vituperar con el fin de acabar con la amenaza que para el régimen semifascista suponía Podemos.

Hablo en pretérito porque han conseguido lo que querían. Han hundido al hombre y al partido. Han acabado con toda esperanza de regeneración democrática. Han reducido el movimiento de indignación a cenizas. El 15M es cosa del pasado. Ahora tenemos a Ciudadanos. Encantador. Ya no me caben dudas sobre la inminente e inevitable partida de todos los que aún creamos en la justicia de un pais que, en diez años, confirmará que sigue siendo una dictadura quitándose la máscara (pero no la mordaza). 

Y hemos sido todos nosotros, borregos vagos e ignorantes que prefieren discutir sobre si la bandera ha de ser roja y amarilla o tricolor, que defender sus derechos de la mano. Como hermanos de nación, no como estúpidos disidentes a una causa tan necesaria como la búsqueda de la vida digna (para todos).

Olé tus huevos, Monedero, cuadraos y en la cara de todos estos jetas que han creído vencerte. Nada más lejos de la realidad, para mí (y sé que para muchos) te has coronado.




martes, 28 de abril de 2015

Ojos y corazón cerraos

Como buenos seres de sangre caliente, lo nuestro no es el frío. No hablo del climático, que también (los canadienses los tienen cuadraos). Hablo del frío de la cama vacía, que no duda en gritar no solamente que alguien se ha ido, sino que hace mucho tiempo que lo hizo. O peor, que nunca ha estado allí. Hablo del frío de las baldosas del baño, al que caemos entre lágrimas hijas de decepciones sin piedad. De las mañanas incómodas y viajes de cama en cama a las 8 de la mañana. Hablo de ti, joder, siempre hablo de ti.


El amor de una vida.

Hay mucho confuso hablando de eso. Del amor de una vida. No tiene por qué ser tu marido, ni tu primer novio, ni siquiera haber sido tu pareja. Basta con que te haya prendido fuego las entrañas con una sonrisa torcida. O con que el perfume que lleva su nombre te saque las ganas de llorar por todas las raspaduras de rodilla infantiles de las que no te quejaste.

No va a ser el que más, pero va a ser el que mejor. El que supo usar sus manos a modo de desfibrilador, y darle vida a un cuerpo inerte. El que no dudas en llamar Dios, porque es omnipresente en tu cabeza y omnipotente sobre tu vida o tu muerte. El que sigue apareciendo en sueños sin llamar a la puerta, y cuyo recuerdo puede convertir de puro dolor todo en pesadillas.

El amor de una vida es aquel que le dio inicio y sentido. Es las almohadas empapadas y las noches en vela, pero también los pliegues de las sábanas con secretos inconfesables y ritos satánicos al pie de la cama. Porque algo tan perfecto no puede ser bueno. En cualquier caso, siempre tiene un fallo.


Y es que el amor de una vida siempre lleva fecha de caducidad en el anverso de la etiqueta.

A la mierda los dados, llevo yo los pantalones

La vida me sale a borbotones por los poros de la piel en un idilio narcisista que llevo ensayando demasiados años. Cada golpe de rodillas en el frío pone a hervir la sangre para escribirle un mensaje al mundo en alientos desesperados. Que esto no se acaba aquí, más quisieran las parcas. Que la lucha mañanera con las sábanas es historia, pero no de la que se estudia. Porque ya prefiero repetir errores que vivir aprendiendo del pasado. 

Voy a besar todos los suelos en los que escribí mensajes premonitorios sobre el fin del mundo, para contagiarles del color recobrado de las mejillas. Aunque color siempre tuvieron, si bien fuese otrora azul oscuro casi negro. Ahora son del rojo de fuego del dragón que se me ha escondido en las entrañas. Que se quede, que da fuelle a la pasión que me come las uñas sin necesidad de dientes.

Quien habla de seis caídas y siete puestas en pie no entiende que hay que tumbarse en el suelo a meditar sobre las piedras del camino. O seguirás tropezándote con ellas. Yo he preferido prenderle fuego al sendero. Las cenizas siempre hacen menos daño.


domingo, 26 de abril de 2015

Canciones de mierda que se alían con el mal tiempo

Hace mucho tiempo que no escucho esa canción. Ya sabes, esa que tenemos todos escondida debajo de la ropa y las sonrisas. Que saca fango, sangre y lágrimas a partes iguales, te echa sin piedad al sumidero de la memoria y te devuelve todo el dolor que creías que, una vez vivido, no iba a volver.

Quizá son los domingos, que me ponen tonta. Quizá es este día de mierda, que incita al masoquismo mental. Quizá es que las heridas no cierran tan bien como dicen las cicatrices.



IV

Dicen que las personas destrozadas son las que más fuerte ríen, beben y follan. Y no hay mayor verdad. Todo es un intento por sentir algo más que miedo. A la luz y a la oscuridad. A mirar hacia delante, pero también hacia atrás.

Es mejor que el alcohol te corra por las venas en lugar de veneno diluido en tinta. Es mejor guardar en las uñas la piel del polvo de la noche anterior que seguir mirando a oscuras las heridas que dejaron otros anteriores. Y no hay mejor remedio para las voces en la cabeza, que callarlas con risa fingida.

Y no hay mejor manera de convencerte de que sigues vivo, que hacerlo a través del fantasma que te sigue en los espejos.